PILAR SANTOS


BARCELONA

Xavi Martín habla con una seguridad y un desparpajo que, en ocasiones, podría pensarse que se ha tragado a Josep Piqué, su tótem. Tiene 19 años, es de una familia trabajadora de Tordera (Maresme) de toda la vida y se presenta para la alcaldía por el PP. Martín no se regodea en su juventud ni tampoco en el victimismo que afecta a algunos políticos de su partido. "Nadie me mira mal ni me aparta por decir que soy del PP", dice, extrañado por la pregunta.


Se intuye una cabeza muy bien amueblada incluso antes de saber que en la selectividad sacó un 9,03 y formó parte del centenar de cracks que logró el sobresaliente en el 2005. Es una de las campanadas del PP para las municipales. Un candidato de 19 años --"ahora sin novia"-- que lleva esperando esa cita con las urnas desde hace dos. "Los ayuntamientos toman decisiones que afectan a los jóvenes y quiero estar para decidir", afirma.

Animado por el padre

A los 17 años, Martín se fue a la sede de los populares de Girona, donde estudia segundo de Derecho, para ver cómo podía ayudar. "Mi padre tenía ganas de trabajar para el PP en el municipio, me lo comentó y me animó", explica. Y le animó tanto que ha sido él quien preside el PP de Tordera y quien ha compuesto la junta local y, ahora, está preparando las listas municipales. Porque antes, en Tordera, el PP casi no existía. En las últimas municipales, fue una persona de Blanes la candidata y, con todo, sacó 212 votos y se quedó a unos 50 de entrar en el Ayuntamiento, gobernado por CiU con mayoría absoluta.

Y con eso fantasea Martín. Temblad, convergentes. "Podemos quitarle como mínimo un concejal a CiU. La acción de gobierno desgasta y noto que la gente está cansada de esas victorias aplastantes", afirma en un bar del pueblo. Ya fuera, en un paseo por calles a medio asfaltar, edificios en obras y oficinas de compra-venta en cada esquina, explica que un pilar de su programa será dotar de servicios a las zonas nuevas. "También hay que mejorar el tejido industrial, dar más bonificaciones fiscales a los empresarios y reducir la tasa de paro, una de las más altas de la zona", enumera.

Como a Piqué, cuesta pillarle en un renuncio, y ha interiorizado tanto la doctrina que hay que esforzarse para arrancarle una autocrítica. "Quizá no explicamos bien la intervención de Irak o por qué votamos en contra del Estatut". Y se despide pensando en la cena del viernes con los colegas y los pubs de Malgrat. "Intento que esto de la política afecte lo mínimo a mi vida personal", afirma intentando guardar un rictus serio.

18.02.2007 – El Periódico de Catalunya